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(Des)obediencia: Un breve comentario sobre el libro De Horomico a Hormigueros: 400 años de resistencia


  • Prof. Vibeke L. Betances Lacourt

Lo poco que sé sobre el pueblo de Hormigueros se lo debo a los siete años en los que estudié en sus escuelas. Hasta hace unos días, este pueblo había sido para mí, cuna de Ruiz Belvis pero, sobre todo, hogar de fervientes devotos a la virgen de la Monserrate. Lo que sé sobre Ruiz Belvis, no lo aprendí en las escuelas hormiguereñas, sino en un libro de hombres y mujeres ilustres que mi mamá me regaló cuando apenas estaba en quinto grado. Para ese entonces, estaba en una escuela en San Germán por la que sentía cierta apatía así que había decidido que si Hormigueros era la cuna de Ruiz Belvis, también sería la mía. Como consecuencia, aprendí el himno de su pueblo -ahora mío- y me prometí nunca más ceder ante la imposición escolar de ponerme en pie al sonar el himno de San Germán – pequeñas y absurdas guerras en las que una se involucra cuando es pequeña y tiene libros de próceres en sus manos-. 

Al llegar a Hormigueros como estudiante, ya lo había hecho desde muy pequeña como hija de maestra, comencé a oír sobre su historia. El punto en común era siempre los milagros de la Virgen de la Monserrate. Así aprendí el mito de la hija de Giraldo González y el portento de la virgen. Hormigueros no fue precisamente lo que pensé. Más que un nicho revolucionario me parecía un pueblo obediente y muy apegado a sus tradiciones. 

Hace unos días culminé el libro De Horomico a Hormigueros: 400 años de resistencia (2016) del escritor, historiador y catedrático Mario R. Cancel Sepúlveda. La experiencia de leerlo se equipara a la de sentarse en el balcón de alguna casa en Hormigueros, café de las tres de la tarde en mano, a escuchar la historia del pueblo a través de la revisión crítica de sus emblemas, tradiciones más reconocidas y las historias y documentos que hasta el momento se habían escrito. Leerlo fue sentirme parte de una historia que me hace sentir orgullosa del pueblo que de pequeña elegí como mío. Este escrito no pretende ser un estudio de la obra sino una explicación de cómo me apropié del texto. 

 A través de todo el libro se presenta a Hormigueros como un lugar de resistencia. Desde los tiempos anteriores a la conquista española, en los tiempos de la conquista española y tras la invasión estadounidense tanto Hormigueros como sus habitantes tuvieron roles relevantes, de manera directa o indirecta, en las luchas por preservar la autonomía. Las tantas resistencias del pueblo no solo redundarían en la identidad que iría forjando la comunidad sino en el impacto que además tendría en el país. El Hormigueros que al día de hoy parece casi olvidado adquiere un nuevo brillo, su existencia fue esencial en distintas épocas y su nombre resonaba a través de todo el Caribe. 

Mientras leía, la ermita de Nuestra Señora de la Monserrate dejó de ser para mí un mero lugar en el que se celebra y lleva a cabo un rito religioso sino que cobró relevancia como un monumento arquitectónico importante pues dio sostén y forma a un mito cuyo impacto alcanzó diferentes estratos sociales. Además, cumplió la función de ser epicentro de una identidad que permitirá sentar las bases para lograr la diferenciación de lo estadounidense. En palabras de Benedict Anderson en su libro Imagined Communities: “. . . peoples, regions, religions, languages, products, monuments, and so forth. The effect of the grid was always to be able to say of anything that it was this, not that: it belongs here, not there” (184). La importancia de la ermita trascendió los límites religiosos y alcanzó niveles de riqueza política-militar y cultural. Hormigueros sigue tomando nuevas dimensiones para mí. El pueblo de hombres y mujeres devotos y obedientes se convierte en un pueblo mucho más complejo donde la disidencia y la resistencia no necesariamente confligían con los aspectos religiosos: más bien, confluían.

La mayor duda que surge al leer es ¿quién decide qué debe ser conservado dentro de la memoria histórica de un país o de un pueblo? ¿Qué debe hacer un hombre o una mujer para que su legado sea digno de ser contado de generación en generación? Las historias que giran en torno al portento de la Monserrate arrojan luz a esas preguntas. La apropiación de la virgen de la Monserrate en Hormigueros, Puerto Rico, es de por sí un acto de resistencia cultural. La virgen de origen catalán había sido fusionada con elementos de la cultura afrocaribeña y era parte del culto popular. Ahora bien, el hecho de que la historia del milagro experimentado por el artesano Enriquillo nunca la hubiese escuchado me pareció impresionante. Para un pueblo que exalta tanto las proezas de la Monserrate, es extraño que no se comente con más frecuencia la historia milagrosa experimentada por este artesano.

Queda entonces preguntarse quién decide qué debe ser conservado dentro de la memoria histórica, en este caso, de un pueblo. Me queda claro que la contestación gira en torno a las personas con agendas políticas-económicas-culturales y a los sectores que se dirigen. La creación del mito nace de entre las voces del pueblo sin embargo, al llegar a la versión “oficial” se mezclan los intereses políticos para darle forma a un programa que llame la atención del sector social al que apelan. De ahí el hecho de que la historia más repetida y recordada sea la del respetado y, posiblemente adinerado, Giraldo González. O el hecho de que de entre tantas voces disidentes solo se recuerde la de Ruiz Belvis y no tanto por su gesta política sino por su labor a favor de la emancipación de esclavos. Quizás la respuesta más genuina, a mis preguntas sobre por qué algunos eventos sí perduran dentro de la memoria histórica y otros no, sea esta que el autor expone: “El que se preservara la memoria de algunos y se olvidara la de otros fue parte de un proceso discriminatorio, pero comprensible”(Cancel 70). 

El libro, me atrevería a afirmar que adrede, cumple con la función de dar voz a aquellos y aquellas que, sin importar el impacto que tuvieron en su contexto histórico, habían sido silenciados. De Horomicos a Hormigueros: 400 años de resistencia rescata del olvido histórico los eventos de subversión y resistencia para contar una historia diferente; la historia de la lucha. El libro en manos de cualquier persona hormiguereña es una fuente esencial para conocer el pasado de su pueblo y los posibles futuros que se podrían construir. En las manos de cualquier estudioso o estudiosa se convierte en una invaluable joya bibliográfica para futuros estudios al respecto y en una guía para la construcción de otras microhistorias culturales para los demás pueblos del archipiélago puertorriqueño. En las de cualquier aficionado o aficionada es una refrescante lectura que le permite conocer más sobre el pueblo de Hormigueros desde sus orígenes. En mis manos, sirvió para reafirmar que Hormigueros es un pueblo rico en historia y que sus complejidades no hacen más que enriquecerlo. Además, entendí que no nació de la nada en mí ese conflicto entre ser de San Germán o de Hormigueros, solo se repetía en un solo ser humano una lucha que por años enfrentó a las dos localidades hasta que la última logró su autonomía. Imagino que ellos tampoco se levantaban al oír el himno de San Germán, pero eso sería ya otra historia.

Fuentes citadas

Anderson, Benedict. Imagined Communities:Reflections on the Origin and Spread of Nationalism. Verso, 2006. 

Cancel Sepúlveda, Mario R. De Horomicos a Hormigueros: 400 años de resistencia. Editorial 360, 2016.

De Horomico a Hormigueros ¿por qué 400 años de resistencia?


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de historia y escritor
Las notas que siguen son la respuesta que ofrecí al Dr. Wilkins Román Samot en torno al propósito de mi libro  De Horomico a Hormigueros: 400 años de resistencia (San Juan: Editorial 360 Grados 2016) en un reciente entrevista para el periódico digital El Post Antillano. Agradezco al colega y amigo su interés en mi trabajo académico.

La historia es un relato de la imaginación que siempre se reinventa a la luz de las circunstancias desde las cuales se piensa. En ese sentido lo que hacemos con el pasado es una aproximación creativa y, por ello, exigente. Es una forma de la conciencia que todos los seres humanos y todas las comunidades poseen en el marco de los más diversos grados de complejidad. Cuando se afirma que Hormigueros tiene una historia que puede ser contada se señala lo obvio. Es posible que para historiografía tradicional el acontecer local no constituyese una historia legítima pero, después del desenvolvimiento de la Nueva Historia Social, la Historia Cultural y los Estudios Culturales en el siglo pasado sería una presunción paradójica.

Horomico_portada_solaLa resistencia a la que alude el título se refiere a una diversidad de índices. Los ensayos del libro miran en varias direcciones. Primero, el relato panorámico del pasado hasta mediados del siglo 20. Segundo, un estudio denso de los antecedentes del culto de la Virgen de Monserrate, uno de los signos identitarios claves de la comunidad. Tercero, una revisión de la historiografía sobre Hormigueros desde 1898 hasta 1980. Cuarto, un ejercicio análogo desde 1980 hasta el 2000. Y quinto, un retorno al tema del culto religioso a la luz del 1898. El prefacio y el epílogo son reflexiones teóricas sobre lo que significa la historia, la microhistoria social y la cultural, en el proceso de reflexión.

El concepto resistencia apela a esos nudos que plantea el volumen y que marcaron el pasado local. Se manifiesta en la invisibilidad de un pueblo pequeño en el territorio de las miradas de la macrohistoria por su condición de zona de competencia entre dos poderes regionales de relevancia: Mayagüez, que desde el siglo 18 significó las fuerzas modernizadoras, y San Germán, que desde el siglo 16 representa la tradición. La identidad de Hormigueros se cuaja en ese escenario contradictorio compartiendo valores de ambos extremos. No en balde fue barrio de San Germán hasta 1874 y de Mayagüez entre 1898 y el 1912.

Resistencia también invoca a otras zonas de conflicto. El estudio de la microhistoria cultural me ha demostrado que las comunidades pequeñas se resisten al imperio o la autoridad de los relatos nacionales o a las presunciones totalitarias de la identidad colectiva. La identidad colectiva o nacional es un producto intelectual muy valioso de los últimos 250 años, pero la micro-identidad comunitaria es una praxis rica en matices que debe estudiarse con la misma intensidad.

Y resistencia porque esa micro-identidad comunitaria  presenta contradicciones que la enriquecen. En Hormigueros los elementos clericales y seculares, tradicionales y modernos se encuentran y desencuentran. En el cosmos local, como en el nacional, el poder institucional, el poder eclesiástico, las clases sociales que se mueven en el mercado, la intelectualidad y la gente, generan sus propios relatos que chocan y, en su oposición, validan un ejercicio como este. La búsqueda se da en todas esas orientaciones con el propósito de confirmar que “el pasado” es un mito: de lo que se trata es de buscar “los pasados” en plural.

 

De Horomico a Hormigueros: una microhistoria cultural


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Historiador y escritor

 

Mensaje ofrecido en el Aula Magna del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y El Caribe durante el lanzamiento de la obra De Horomico a Hormigueros: 400 años de resistencia (360 grados) el  1ro. de mayo de 2016

El 31 de agosto de 2013 estuve en este salón con los compañeros Dr. Félix R. Huertas González, la Dra. Ramonita Vega Lugo y la Dra. Nancy Santiago Capetillo, compartiendo con los estudiantes en el foro y conversatorio “Micro-historia e Historia Cultural: una mirada a 3 municipios de Puerto Rico”. En aquella ocasión comenté por primera vez en público los parámetros del volumen que en aquel momento redactaba y hoy se presenta. El libro De Horomico a Hormigueros: 400 años de resistencia comenzó a configurarse como un borrador en el año 2012 sobre la base de unos propósitos específicos.

José E. Muratti Toro, editor, el autor, Ana Durán, correctora y Miguel Rodríguez López, Rector

José E. Muratti Toro, editor, el autor, Ana Durán, correctora y Miguel Rodríguez López, Rector

El primero era dar un paso decisivo en el camino de la microhistoria social a la microhistoria cultural, es decir, de la mirada del entramado socio-económico y su conflictividad hacia el ámbito de la cultura y sus percepciones. Me parecía necesario hacer esa transición sin obviar las intersecciones concretas entre la vida material o económica, y la vida inmaterial o espiritual en el marco de la comunidad bajo estudio. No se trataba de dejar atrás una metodología o una escuela interpretativa para imponer otra, sino de ponerlas a dialogar a la luz de la Historia Cultural y los Estudios Culturales y precisar como aquellas esferas se moldean mutuamente.

El segundo era estimular la revisión del estudio de la identidad nacional en el espejo de las identidades comunitarias o las micro-identidades que la continúan, la modulan y la revisan, y establecer las tensiones que marcan esa relación, las continuidades y discontinuidades entre una y otra. Ser puertorriqueño en San Juan y serlo en San Germán son dos cosas distintas. El fin último de ese ejercicio era volver sobre la idea de que la identidad, lejos de ser un objeto terminado, era  líquida, fluida y maleable y que ello radicaba una parte significativa de su actualidad.

La reflexión del volumen se apoya en el argumento de que la identidad nacional y comunitaria siempre es el  producto de procesos contenciosos, de los choques y el rechazo del otro. La tesis es que la  micro-identidad hormiguereña y su concepción, se han movido durante 400 años entre una diversidad de polos opuestos que dialogan. Uno de los modelos más visibles de esta dialéctica ha sido la contradicción de los imperativos de lo sagrado, un culto milagroso; y lo profano, ámbito en cual la figura de Segundo Ruiz Belvis cumple un papel crucial.  Otro ha sido la histórica vacilación de esta comunidad aldeana entre  el atractivo subyugante de dos importantes centros urbanos de la región oeste,  Mayagüez y San Germán.

Cuando llenamos de contenido ese pasado histórico de Hormigueros a la luz de esos dualismos, nos damos cuenta de que detrás del Mayagüez consolidado en el siglo 18,  y el San Germán nacido en el siglo 16 había dos promesas distintas. La ciudad portuaria y progresista representaba la modernidad durante el siglo 19 y la americanización en el contexto del 1898; mientras que la ciudad de las Lomas de Santa Marta insinuaba la tradición y la hispanidad. La doble fundación del pueblo en 1874 y 1912,  fue la expresión del mismo proyecto modernizador en dos escenarios distintos. La disolución del ayuntamiento en 1899 también. No hay que olvidar que Mayagüez, como Ponce, llamó mucho la atención de los observadores estadounidenses durante los primeros días de la experiencia imperialista por sus visibles diferencias con el rancio San Juan y su poderoso sabor español. Aquellas percepciones que hoy no se toman en cuenta, convirtieron a Mayagüez en una garantía para el futuro de la sajonidad en la colonia recién adquirida.

Horomico_portada_solaEl hecho de que en 1874 los grupos antisegregacionistas de San Germán se concentraran en los barrios Lavadero y Benavente, y los segregacionistas que fundaron el pueblo apelando a la tradición de la Monserrate representaran los grandes intereses azucareros, tuviesen apellidos extranjeros y viviesen en la ciudad de Mayagüez, es un interesante laboratorio para comprender por qué se fundó un pueblo como este en aquella fecha.  En verdad no se trató de una conquista popular sino de la expresión de la voluntad de unas elites poderosas y progresistas en un contexto movedizo: los años duros de vigilancia después de la Insurrección de Lares de 1868. El libro llama la atención además sobre las diferencias entre el discurso en torno a la micro-identidad emanado de la oficialidad,  la percepción de la gente y aquel que genera el estudio profesional del asunto.

El otro propósito de esta reflexión era echar las bases para comprender los “olvidos” que caracterizaron el diseño de esa micro-identidad y a la vez, comprender la conflictividad que producen las recuperaciones. El mejor ejemplo de ello ha sido la figura de Segundo Ruiz Belvis cuyo significado era prácticamente nulo en Hormigueros hasta fines de la década de 1970 y principios de la de 1980.

Por último, De Horomico a Hormigueros: 400 años de resistencia también aspira a superar la fría y paternalista historia institucional que celebra el protagonismo de municipio y su ayuntamiento en el tablado de la historia y que confunde a la sociedad con el poder político que aduce que la representa. Para ello, se llama la atención con insistencia en la complejidad de la vida comunitaria y en las conexiones de sus ritos, sus figuras y sus actos con la historia del mundo. El objetivo de libros como este es dejar claro que la identidad es un proceso y no un acontecimiento o dato, un proyecto y no un objeto terminado.

Solo me resta agradecer  al profesor José E. Muratti Toro y a Editorial 360 Grados por hacer posible este proyecto y al Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y El Caribe, institución en la que me formé, y a la Asociación Puertorriqueña de Historiadores,  por su respaldo a este acto

De Horomico a Hormigueros: reflexiones sobre un libro


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Historiador y escritor
Mensaje ofrecido en la Escuela de Bellas Artes de  Hormigueros durante el lanzamiento de la obra De Horomico a Hormigueros: 400 años de resistencia (360 grados) el  1ro. de abril de 2016

Un libro es el producto de la labor de muchas personas. El autor y el escritor es  tan solo una pieza del engranaje. De Horomico a Hormigueros: 400 años de resistencia es resultado del profesionalismo del profesor José E. Muratti, poeta, narrador y editor; del talento de Rubildo López Martínez, artista sensitivo y maestro  que diseñó y obsequió el arte de su portada sobre el fondo de una original imagen de Segundo Ruiz Belvis que me conmovió desde que la vi por primera vez hace varios años; y la educadora Ana Durán, correctora agresiva a quien no conozco personalmente y cuya labor de revisión del manuscrito garantizó una versión limpia y accesible del mismo. Los autores y escritores construimos textos. Personas como ellos poseen la capacidad de transformarlos en libros.

Un libro es también el producto de aquellos que lo respaldan. El interés institucional de darle forma a una idea, materializarla  y compartirla en medio incluso de la terrible crisis que vive el país posee un valor incalculable. En 2012 dos personas se acercaron a mí para establecer los parámetros de una idea. Me refiero a Pedro J. García Figueroa, primero amigo desde la adolescencia y luego  alcalde; y Félix Ponce Labiosa, a quien conozco hace poco y a quien siempre me presentaron como el “ministro de cultura” del pueblo.

Pero un libro también posee un pasado, una genealogía desconocida.  De Horomico a Hormigueros: 400 años de resistencia representa el pago de una deuda que liquido con los que me pidieron en 2012 que considerara la tarea  y con otros que ya se ha ido.  El primero es Melanio Bobé Acevedo, alcalde primero y amigo después, para cuya administración trabajé como bibliotecario a fines de los 1980 y principios del 1990. No era sencillo en aquel entonces ser amigo del jefe. La amistad entre nosotros nació y creció después que me alejé de la vida municipal en 1995 y Melanio decidió su retiro político. Todavía me parece verlo haciendo un esfuerzo por recordarme cuando el olvido lo invadió en sus años de ancianidad y me buscaba en su memoria sin poder darme un nombre. El viejo patriarca populista me había pedido que escribiera un libro pero no sobre Hormigueros, sino sobre mi vida de aventuras, de perseguido y de bohemio local. Todavía se lo debo pero creo que es una deuda que no pagaré.

El autor, José E. Muratti, editor, y Pedro J. García Figueroa, alcalde

El segundo es Monseñor Francis R. López, rector y párroco de la Iglesia de la Monserrate, católico cheísta, comprometido con la defensa de la identidad y con el saber y quien me animó a indagar los misterios de la Iglesia de la Monserrate, sus registros, sus archivos, su detalles, a la vez que colaboró conmigo cuando indagaba en torno a la figura de Segundo Ruiz Belvis y sus conexiones con esta institución a principios durante la década de 1980. En este dístico, la tradición secular y clerical se encontraban sin contradicción visible alguna. Francis fue un gran amigo y un modelo del catolicismo comprometido con la identidad y los pobres que nunca olvidaré.

El tercero es Monseñor Antulio Parrilla Bonilla, Obispo Titular de Ucres, sacerdote con vocación de libertador en cuya cercanía sentía las vibraciones del más sano nacionalismo revolucionario. El anciano sacerdote que, como Juan Alejo de Arizmendi en otro siglo, aspiraba pasar sus últimos días en esta localidad, no pudo ver completado su sueño. Aquel era el mismo sacerdote comprometido que había despedido de cuerpo presente a Pedro Albizu Campos en su velatorio y había protestado en la plaza pública de Lares contra el servicio militar obligatorio. Este libro también es un homenaje para ellos según viven todavía en mi memoria.

Las semillas de este libro son remotas. En cierto modo, es el producto de una larga travesía que comenzó en 1976 cuando me hice miembro de Centro Cultural Horomico cerca de un grupo de amigos encabezados por el maestro y artista Luis H. Vega. Continuó durante el 1977, momento en el cual  me gradué de escuela superior y presenté una investigación sobre el folclor de Hormigueros que era un homenaje a los relatos fantásticos de mis abuelos Inés Rojas y Manuel Sepúlveda. Se reinició tras un escabroso periodo universitario en 1989 cuando completé una biografía y un estudio bibliográfico sobre el abogado rebelde Segundo Ruiz Belvis y su generación bajo la asesoría de la historiadora Loida Figueroa Mercado y el investigador nacionalista Juan Rodríguez Cruz. El novelista Carmelo Rodríguez Torres y el antropólogo y arqueólogo Ricardo Alegría fueron claves para la culminación de aquel proyecto

Horomico_portada_solaCon toda sinceridad, no puedo negar los celos y la incomodidad que sentí cuando Edwin Albino Plugues publicó su libro de microhistoria social sobre Hormigueros en 1978 y cuando el historiador Fernando Bayrón publicó su antología de documentos sobre el pasado municipal en 1984. Yo era un joven de 24 años a esa fecha. Hoy con 55 años a cuestas,  reconozco que fue lo mejor que pudo pasar. Lo que hubiese escrito en 1978 o 1984 no me representaría tal y como soy en este momento. El 2016 ha sido un año ideal para completar el sueño que nació en 1976. Después de todo, los índices que me llamaban la atención a los 16 y a los 24 años, la cultura y su percepción, el imaginario del pasado colectivo más allá de la cultura institucional, son los mismos en los que se sostiene este libro.

El valor de un proyecto de esta naturaleza radica en que tomemos conciencia de un asunto: promover la discusión cultural es tan importante como construir un parque o pavimentar una calle. En el parque hacemos la gimnasia física y reposamos de las rutinas de estos tiempos atroces. Reconozco que las avenidas pavimentadas, iluminadas e identificadas con sus nombres, facilitan el tránsito de un sitio a otro

Pero con un libro hacemos algo distinto y complejo. Elaboramos una gimnasia espiritual y emocional que reconforta en tiempos de crisis ante situaciones que sugieren que todo se derrumba. El libro sirve, no lo niego, para sembrar esperanzas y cultivar una paciencia saludable. También debe ser útil para animar esas pasiones inteligentes que puede gatillar el cambio. Con un libro pavimentamos simbólicamente la ruta  que puede conducirnos del pasado, que es mero tiempo perdido, a un  futuro, el que sea, con la seguridad de que sabemos dónde estamos pisando

Sólo me resta decir que este es un libro pensado para educadores, para maestros y como todo libro, es una obra inconclusa. El proyecto que soñé desde 1976 se completará con la lectura y con los libros que escriba alguno de ustedes en los años porvenir.

 

Hormigueros: el contexto de la fundación de un pueblo (V)


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de Historia y escritor

 

Lo cierto es que ya esta comunidad había ofrecido su cuota de compromiso y civilidad a las luchas por la libertad y la justicia en Puerto Rico. La gesta de de la Rosa y Martín, de Lugo y García Pagán, era ejemplo de ello. Pero además Hormigueros había sido la cuna del militar Antonio Duvergé Duval, nacido en este suelo en 1805, veterano de la independencia dominicana que también luchó en la frontera interior contra los invasores haitianos. Las autoridades de la República Dominicana de su tiempo, no comprendieron la tarea desempeñada por Duvergé y, en 1864, este fue condenado y fusilado por traidor. La historiografía moderna lo restituyó como héroe y así figura en el panteón nacional dominicano.

Pero la figura más destacada que vio la luz en Hormigueros durante el siglo 19 fue sin lugar a dudas Segundo Ruiz Belvis. Ruiz Belvis fue abogado y, como tal, desempeñó con eficiencia los puestos de Síndico del Ayuntamiento de Mayagüez, Juez de Paz de esa Villa, Alcalde Mayor Accidental y Comisionado de Mayagüez ante la Junta Informativa de Reformas celebrada en Madrid en los últimos meses del año 1866 y los primeros de 1867. Empresario del azúcar y un preocupado por la educación de su país, administró temporeramente las empresas azucareras de su familia, fue miembro de la “Sociedad Económica de Amigos del País” y preparó un proyecto, junto a otros ciudadanos y amigos, para fundar un colegio de segunda enseñanza privado en la ciudad de Mayagüez en 1866.

Segundo Ruiz Belvis

Segundo Ruiz Belvis (1829-1867)

Ruiz Belvis no fue sólo relevante por su relación con el área oeste del país. Junto a José Julián Acosta, geógrafo, economista e historiador, y Francisco Mariano Quiñones, el novelista e historiador del liberalismo y el autonomismo, propuso y defendió la abolición inmediata de la esclavitud en Puerto Rico y la otorgación de libertades civiles para el pueblo puertorriqueño durante la histórica Junta Informativa de Reforma de Madrid en 1867. Desilusionado ante la sorda actitud del gobierno español, Ruiz Belvis, al lado de Ramón E. Betances, el médico caborrojeño, se constituyó en el mayor dirigente y gestor de la Revolución de Lares de 1868 a través del Comité Revolucionario de Puerto Rico fundado en Santo Domingo. Lamentablemente, en noviembre de 1867, diez meses antes de la referida revolución, falleció en Valparaíso, Chile, en circunstancias por demás extrañas. Pero Ruiz Belvis no sólo fue un virtuoso en el arte y la ciencia de la política.  El hormiguereño fue también traductor del francés, historiador y periodista, aspectos poco conocidos en su, en general, infravalorada obra. Viva sigue su memoria hasta el presente y Hormigueros además de pueblo de la Monserrate, es también el pueblo de Ruiz Belvis, el emancipador y el libertador.

Cuando surgió la municipalidad en 1874, ya Hormigueros era un pueblo culturalmente maduro, y una típica urbe del siglo XIX, con sus casas de madera, algunas en piedras y ladrillo, puertas de doble solapa con persianas y techos de cuatro aguas y zaguanes. Hormigueros poseía una identidad diferenciada dentro del entorno regional. En la cima del monte, la Ermita-Santuario presidiendo el poblado y, a su parte posterior, la Casa de Peregrinos en piedra y techo de tejado. Desde 1878, poseía un acueducto donde suplirse de aguas. Allí estaban los barrios, las amplias llanuras de Benavente, las colinas de Jagüitas y Lavadero, todo en perfecta armonía con la tradición étnica diversa que convergía en formación cultural comunitaria. Hormigueros era un pueblo mestizo, mulato, en donde negros africanos, blancos españoles e indígenas, habían dejado su huella.

Poco duró esta primera etapa de vida municipal. En 1899 un gobernador militar, Guy V. Henry, tras la invasión de los Estados Unidos a la Isla en 1898, suprimió el Municipio y lo anexó como barrio a Mayagüez. Era como si los intereses expresados en 1851 hubiesen vuelto por sus fueros al cabo de los años en la figura de Mateo Fajardo Cardona, empresario del azúcar que favorecía además la anexión de Puerto Rico a Estados Unidos. Durante la invasión, la resistencia contra las tropas de Estados Unidos en Hormigueros fue heroica, y el guerrillero Juan Ignacio Bascarán Quintero, se perpetuó para la historia de Puerto Rico como símbolo de esa resistencia en la Bajura y en las Lomas de San Romualdo. El intermezzo fue breve. En 1912, como producto de la gestión del partido Unión de Puerto Rico, Hormigueros volvió a ser Municipio independiente como lo es hoy. Desde entonces su progreso material ha sido ininterrumpido. El azúcar, esta vez desde Central Eureka, volvió a ser el centro de su producción económica, hasta el total triunfo de la manufactura en la década de 1960.

Juan Gallardo Santiago (1901-1982)

Juan Gallardo Santiago (1901-1982)

Hormigueros volvió a regalar a la historia de Puerto Rico con una figura de envergadura nacido en el Barrio Benavente. Me refiero a Juan Gallardo Santiago (1901-1983) conocido con el sobrenombre de “El Gallego” y “El Indio”. Gallardo Santiago fue poeta, epigramista, cuentista, ensayista, un activo dirigente del Partido Nacionalista de Puerto Rico en la difícil década de 1930, y activista sindical vinculado al movimiento comunista en Estados Unidos desde mediados de la década de 1940. Dentro del Partido Nacionalista fue una de las figuras de confianza de Pedro Albizu Campos cuando, dentro de aquella organización, se desarrollaba un movimiento de oposición al liderato del abogado de Ponce. La resistencia de un sector del nacionalismo derivaba de la incomodidad que producía la transformación del “Cuerpo de Cadetes de la República” en un “Ejército Libertador”. El nacionalista de Hormigueros fue uno de los reclutadores y encargado de la organización de las fuerzas de la ciudad de Mayagüez, lugar en el cual también había fungido como presidente de la junta local del partido.[1] Gallardo Santiago fue uno de los acusados y condenados en los históricos procesos por sedición y conspiración para derrocar el gobierno por la fuerza de las armas incoado por un Gran Jurado en 1936

Su obra literaria permanece inédita y obra en mi colección particular por disposición del mismo Gallardo Santiago, a quien conocí en 1981. Precisamente con una cita suya queremos cerrar este breve comentario histórico. El 8 de enero de 1965, el “último año de trabajo y pesadilla” Juan Gallardo Santiago imaginaba el tránsito muerte mientras, ebrio de nostalgia, rememoraba el Hormigueros desdibujado y los signos fraternos de su infancia con los tonos de un místico:

Juan Botellas, Pablito y Don Nicio me han hecho poeta. Hay miles que podría mencionar entre ellos un montón de Juanes que son columnas inmensas del pensamiento y la bondad y que me gustaría que al morir fuesen los seres que viese vivos a mi lado antes de entrar en la parte que nadie conoce y que la curiosidad humana se detiene con espanto. Donde la ambición termina forzosamente y todo se iguala. Se vuelve al estado natural de todo cuerpo. Todo será polvo cósmico hasta que la transformación de la materia lo convierta en una estrella. Entonces se repetirá la broma cósmica de la vida. Habrá una nueva estrella para calentar otro mundo con sus vicios y todo, Juan.[2]

[1] El interesado puede consultar M. R. Cancel Sepúlveda, “El Partido Nacionalista, los obreros y Mayagüez (1934)” en Puerto Rico entre siglos: Historiografía y cultura.
[2] Archivo Particular de Mario R. Cancel Sepúlveda. Juan Gallardo Santiago: manuscritos
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