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Mario R. Cancel y su mirada histórica al presente nacional  


Comparto el texto completo de la entrevista con el Dr. Félix Cruz  “Mario R. Cancel y su mirada histórica del presente nacional” en El Post Antillano-Cultura, 10 de octubre de 2016.

¿Qué es la microhistoria? ¿Por qué es significativa? ¿Cómo se integran la microhistoria a la macrohistoria?

La microhistoria es una praxis historiográfica que maduró en las décadas de 1970 y 1980 en diversas partes del mundo occidental  y que se propuso establecer un diálogo con la macrohistoria y la historia social y económica que dominaba el panorama de la disciplina. El diálogo entre la mirada micro y la macro  podía conducir en diversas direcciones. En algunos casos ratificaría sus conclusiones pero en otros las impugnaría y forzaría a la revisión parcial de las interpretaciones dominantes. Lo que distinguía la microhistoria de la macrohistoria era lo que se llamaba entonces la “escala” de la mirada. Se presumía que dado que la escala se reducía al detalle, la interpretación sería más densa o profunda y tendría la capacidad de devolver al ser humano una imagen confiable de su papel dentro de la historia. La microhistoria partía de la premisa de que tanto lo habitual como lo excepcional eran temas legítimos para la historia y presumía que la dilucidación de ambos podía iluminar las interpretaciones macrohistóricas y enriquecer sus conclusiones. La virtud de la microhistoria bien articulada es que pone en duda la continuidad de los macrorelatos y llama la atención sobre la cuestión de la discontinuidad y heterogeneidad que caracteriza la evolución de la humanidad. La concepción autoritaria que suponía que ciertos temas estaban agotados y que ya habían sido discutidos hasta la saciedad fue minada. La opción de volver sobre ciertos lugares del pasado desde la escala micro multiplicó las posibilidades de la discusión de una manera geométrica.

Horomico_presentacion¿Cómo defines la historia nacional? 

La veo como un proyecto en construcción, como un relato tentativo con aspiraciones autoritarias que aspira decir cómo es colectivamente una comunidad humana con vínculos culturales múltiples. Es un relato que cada generación tiene que revisar y reinventar acorde con las circunstancias cambiantes del contexto desde la cual se la mira, desde su presente. En el momento en que se imagina que la historia nacional es un relato acabado y se la sacraliza se mutila su dinamismo. Ya no vale la pena volver a ella con entusiasmo y hacerlo equivale a una aporía o a un acto ofensivo. La historia nacional no es el producto de la acumulación de la historias de las partes como alguno puede suponer: el todo no es igual a la suma de las partes. En ese sentido es un problema intelectual que posee ciertas peculiaridades en el caso puertorriqueño que agrían la existencia de quienes usan el concepto con liberalidad o por tradición en el escenario colonial.

¿Qué importancia tiene el suroeste en el desarrollo de la nación puertorriqueña? ¿Cómo defines histórica y culturalmente el suroeste?

Tiene la misma importancia que puede tener otra región: aquella que le adjudiquen sus historiadores cuando la trabajan profesionalmente. Algunos historiadores han llamado la atención sobre el hecho de que el suroeste expresa un tipo de conciencia regional que emana de su filiación histórica con el viejo partido de San Germán y le dan un papel especial en el todo de la historia de Puerto Rico. Alegan que posee unas características que lo distinguen por ejemplo del viejo Partido de Puerto Rico. No lo pongo en duda. Lo que me preocupa es que ello vaya a derivar en un culto irracional de la diferencia que se traduzca en una errada imagen de que somos más auténticos o más verdaderos. He visto florecer esa actitud en numerosos historiadores locales, historiadores de lo pequeño, curiosos, folcloristas y amantes de lo pintoresco. No los condeno por ello. Toda labor alrededor de la memoria histórica es meritoria en algún sentido. Pero el cultivo del orgullo local y la historiografía profesional, aunque pueden darse la mano, son cosas distintas. Una pregunta de esa naturaleza puede responderse de una perspectiva macrohistórica desde la política, la economía, la correlación de clases sociales, la discursividad cultural y siempre nos dejará con más dudas que precisiones.

Define la cultura puertorriqueña desde la perspectiva del historiador. ¿Cuántas culturas existen en el país? ¿Sobrevivirá la cultura nacional una nueva ola de represión colonial?

La cultura puertorriqueña, en un sentido amplio, es la forma en que la diversidad de los componentes de lo que identificamos como Puerto Rico enfrentan y resuelven con recursos inmateriales los problemas que les impone la realidad material. En ese sentido preguntar por la matemática de la misma (cuántas son) es una pregunta sin respuesta. Me sentiría irresponsable subyugando este asunto a la alquimia trinitaria a la que redujeron la pregunta de la cultura el historiador Salvador Brau o el antropólogo Ricardo Alegría. Ese tipo de afirmaciones sirven para comunicar una explicación cultural pero corren el peligro de congelarse argumentativamente. Por el contrario, tienen que ser problematizadas de una manera agresiva para que se comprenda que la identidad y la cultura que nos distingue no es una y que cambia constantemente. La forma en que la gente responde a este tipo de planteamientos y problemas es un abanico completo: van desde los extremos de volcarse en el mercado para consumir hasta escribir un poema. No me parece que sea un asunto cuantificable. De lo que sí estoy seguro es que sobrevivirá precisamente por ese dinamismo incierto que la caracteriza y que, me consta, es común a cualquier otra cultura, no sólo de esta. Es posible que el producto de ese proceso disguste a algunos pero, de hecho, muchos elementos de la cultura puertorriqueña trinitaria y refinada que muchos cultivan no son de mi entero agrado.

¿Cuál es tu visión del sistema educativo de Puerto Rico? ¿Fomenta la historia?

No fomenta la historia. No creo que sea porque la teme o la ve como una amenaza: es más probable que sea porque sus burócratas y sus profesionales la desconocen. El conocimiento del pasado produce efectos distintos en personas distintas. Me parece, sin embargo, que el problema principal del sistema educativo público y privado del país no hay que buscarlo en sus maestros y sus estudiantes sino en el poder insólito que tienen el capital y la política partidista, ambos encabezados por ideólogos de suma torpeza, en su administración. En verdad no entiendo como profesionales respetables y con un genuino compromiso académico se ponen al servicio de la clase política que controla el sistema educativo preuniversitario y universitario. O son ilusionistas que imagina que pueden cambiar las cosas o en verdad arriman la brasa a su sardina. No lo sé, nunca les he preguntado y tampoco lo haré.

Las acciones tomadas por el gobierno federal guardan similitudes con periodos coloniales españoles, ¿Cuál entiendes es la posición de la metrópoli en cuanto a Puerto Rico? Analizando los periodos históricos y ante la aparente muerte del autonomismo, ¿hacia dónde se dirige Puerto Rico? ¿Se definirá el país?

El Reino de España y Estados Unidos son dos imperios distintos pero iguales. La sujeción colonial con uno u otro es igual pero distinta. En cuanto a la posición de Washington sobre Puerto Rico, arriesgaría mucho si me dedicara a predecir el futuro pero me parece que, desde 1989, el Congreso que siempre es cambiante, y que traduce una parte de la opinión de lo que llamamos acá Estados Unidos, ha sugerido que prefiere una relación distinta con Puerto Rico que no sea la estadidad. Cualquiera de las otras estaría bien si le garantizara a aquel país una posición privilegiada en la relación con el nuevo ente político separado. Lo que ha faltado en Puerto Rico es un sector activo e influyente que adopte ese proyecto estadounidenses como suyo del mismo modo en que lo hicieron los populares desde 1938 cuando la situación presentaba numerosas analogías con el presente. Los populares soberanistas no han sido capaces de ello y los pipiolos son remisos al mismo.  En verdad la diferencia entre dependencia e independencia es cada vez más laxa. El problema es que ninguna de esas opciones es plausible en el marco de la crisis fiscal y económica actual. Debo aclarar que esto no significa que la estadidad no sea posible. Esa es una cómoda tesis política que se ha repetido desde la década del 1930. Soy de los que creo que este tipo de escenarios cualquier cosa puede suceder. Los historiadores no hablamos con la seguridad de un dios ni somos arúspices.

¿Cómo impactará la junta la educación la cultura y la historia del país? ¿Volverá el carpeteo?

Desconozco los planes concretos para el sistema escolar y universitario públicos que son los que están a su alcance. Sé que con la mirada contable que domina ese septeto, tocarán los presupuestos de ambos sistemas. Son dos de los renglones más costosos del presupuesto colonial y la eficacia del sistema escolar ha sido puesta sistemáticamente en duda desde hace años. Me consta que  buena parte del presupuesto en educación se consume en nómina y burocracia. El asunto que me llama la atención es que eso ya lo sabíamos hace años. La sugerencia de que se revisase ha sido un reclamo persistente de muchos, pero el engranaje político-partidista nunca le puso atención a ello. Si se revisan las estructuras de la educación pública ello cambiará las condiciones de mercado de la educación privada en ambos niveles. No me atrevo a adelantar más. En cuanto al carpeteo solo te digo una cosa ¿cómo puede regresar algo que nunca se ha ido? La naturaleza del estado es la coerción y la vigilancia es un engranaje importante de ello. Desde aquí saludo a la gente que tenga por trabajo vigilarme.

¿Cuál es el rol del historiador en la sociedad actual? ¿Logrará el historiador romper con el estereotipo elitista que lo enajena del resto de la nación? ¿Cómo puede acercarse el historiador a las comunidades?

Me parece que los historiadores tienen una función irrelevante en sociedades abocadas al presente, que no fomentan la revisión crítica del pasado y que viven al servicio del mercado y el consumo. Eso no significa que no cumplan alguna función en el circuito de circulación de la información y la cultura. Su elitismo, como en el caso de los economistas o los geopolíticos o los novelistas, no es un mero estereotipo. Tiene que ver con la complejidad técnica de la tarea que hacen. Ese elitismo se alimenta con la ilusión que muchos historiadores se crean de su propia grandeza. Después de todo, una sociedad con demasiados historiadores sería una distopía inútil. Un historiador profesional con los rasgos de un líder populista o de difusor de medios (al estilo de un politólogo de oficio) me parece una imposibilidad. El elitismo no debería impedirle comunicarse con la gente. Para acercarse a las comunidades tiene que mediar la intención y el interés de las comunidades, que ellas reclamen a los historiadores. Una vez allí este tendrá  que responderle las preguntas que preocupan a las comunidades a sabiendas de que no siempre son las que les preocupan a los historiadores. Los otros modos de acercarse tales como el sistema educativo, la colaboración con el estado en calidad de asesores culturales, los medios masivos de comunicación y la Internet, plantean problemas particulares que no todos los historiadores son capaces de enfrentar por una diversidad de razones. 

En los últimos dos años hemos visto una multiplicidad de encuentros entre historiadores, educadores, gestores culturales, comunidad… ¿se estará creando consciencia de la importancia que tiene la historia para el pueblo? ¿Busca Puerto Rico conocerse a sí misma a través del análisis histórico?

Me parece que buena parte de ese activismo es para el consumo de quienes se sienten convocados por el mismo. El impacto fuera de ello no lo sabría evaluar. No soy muy optimista en cuanto a hasta dónde nos llevará ese activismo como pueblo. Ya sabes que parto de la premisa de que la historia nacional y el pueblo que lo habita son proyectos en construcción o conceptos tentativos. Eso sí, el interés por el pasado en tiempos de crisis política, fiscal y económica se hace pensando en el presente, no en el pasado. Se mira al pasado para comprender la naturaleza  del problema que nos agobia, pero las acciones que se tomen sobra esa base serán para el hoy. Esto resulta en una triste paradoja. El historiador se ve en la situación de  informar cosas que ya sabía  a gentes que las había escuchado y no las creía o no les hacía caso. El efecto de estos actos habrá que evaluarlo un poco más tarde. No me parece apropiado hacerlo ahora.

¿Por qué eres historiador?

Creo que lo he dicho en otras ocasiones. Decidí serlo para desentrañar el misterio que producían en mí los relatos de mis abuelos y la pobreza material de mis padres. Uno se inserta en proyectos de vida como este buscando una satisfacción moral. Se trata de un acto de pasión. Estudiar historia, literatura, humanidades y archivística fue para mí un modo de salir de un círculo vicioso ominoso. Luego de ello, hacerme historiador o escritor era la forma de completar aquella formación con un acto en el cual pudiera expresarme como creador. Creo que la historia y la literatura son artes complejas cuya práctica te ayuda a completarte como persona si no sabes o no tuviste tiempo de aprender a hacer otras profesiones bien.

¿Quién es la persona que más ha influido en tu vida? ¿En tu carrera?

La pregunta es complicada. La vida y la carrera se intersecan y, a veces, se me hace difícil separar la una de la otra. La pasión en ambos espacios es la misma, desde mi punto de vista. En mi caso los modelos se multiplican a través del tiempo acorde con las situaciones particulares en las cuáles se les encuentra. Si se trata de las figuras decisivas para la etapa formativa y la juventud son cuatro y todos ellos han muerto. En el territorio de la historiografía fueron Germán Delgado Pasapera y Loida Figueroa Mercado. Me pusieron en contacto con los temas que todavía hoy trabajo con pasión. En el territorio de la literatura creativa Luis Julio Cartañá Otero y Carmelo Rodríguez Torres. Ellos me indujeron el entusiasmo por el tema de la identidad puertorriqueña y caribeña, la dulzura de la evasión por medio de la escritura literaria, la poesía y la narración y la relevancia de la etnicidad en medio de un orden racista. La influencia de estas figuras, no se malinterprete, está más allá de las cuestiones ideológicas. He acabado viendo el mundo de una manera distinta a la cual ellos me lo mostraron. Lo que les debo son las interrogantes que me guiaron. Estoy consciente de que soy responsable de las respuestas que di a cada una de ellas. Los años de vida cerca de ellos me aclararon lo que significa ser un intelectual y un ser humano. Esas son cosas  que no aprenderás en ninguna universidad o libro.

 

(Des)obediencia: Un breve comentario sobre el libro De Horomico a Hormigueros: 400 años de resistencia


  • Prof. Vibeke L. Betances Lacourt

Lo poco que sé sobre el pueblo de Hormigueros se lo debo a los siete años en los que estudié en sus escuelas. Hasta hace unos días, este pueblo había sido para mí, cuna de Ruiz Belvis pero, sobre todo, hogar de fervientes devotos a la virgen de la Monserrate. Lo que sé sobre Ruiz Belvis, no lo aprendí en las escuelas hormiguereñas, sino en un libro de hombres y mujeres ilustres que mi mamá me regaló cuando apenas estaba en quinto grado. Para ese entonces, estaba en una escuela en San Germán por la que sentía cierta apatía así que había decidido que si Hormigueros era la cuna de Ruiz Belvis, también sería la mía. Como consecuencia, aprendí el himno de su pueblo -ahora mío- y me prometí nunca más ceder ante la imposición escolar de ponerme en pie al sonar el himno de San Germán – pequeñas y absurdas guerras en las que una se involucra cuando es pequeña y tiene libros de próceres en sus manos-. 

Al llegar a Hormigueros como estudiante, ya lo había hecho desde muy pequeña como hija de maestra, comencé a oír sobre su historia. El punto en común era siempre los milagros de la Virgen de la Monserrate. Así aprendí el mito de la hija de Giraldo González y el portento de la virgen. Hormigueros no fue precisamente lo que pensé. Más que un nicho revolucionario me parecía un pueblo obediente y muy apegado a sus tradiciones. 

Hace unos días culminé el libro De Horomico a Hormigueros: 400 años de resistencia (2016) del escritor, historiador y catedrático Mario R. Cancel Sepúlveda. La experiencia de leerlo se equipara a la de sentarse en el balcón de alguna casa en Hormigueros, café de las tres de la tarde en mano, a escuchar la historia del pueblo a través de la revisión crítica de sus emblemas, tradiciones más reconocidas y las historias y documentos que hasta el momento se habían escrito. Leerlo fue sentirme parte de una historia que me hace sentir orgullosa del pueblo que de pequeña elegí como mío. Este escrito no pretende ser un estudio de la obra sino una explicación de cómo me apropié del texto. 

 A través de todo el libro se presenta a Hormigueros como un lugar de resistencia. Desde los tiempos anteriores a la conquista española, en los tiempos de la conquista española y tras la invasión estadounidense tanto Hormigueros como sus habitantes tuvieron roles relevantes, de manera directa o indirecta, en las luchas por preservar la autonomía. Las tantas resistencias del pueblo no solo redundarían en la identidad que iría forjando la comunidad sino en el impacto que además tendría en el país. El Hormigueros que al día de hoy parece casi olvidado adquiere un nuevo brillo, su existencia fue esencial en distintas épocas y su nombre resonaba a través de todo el Caribe. 

Mientras leía, la ermita de Nuestra Señora de la Monserrate dejó de ser para mí un mero lugar en el que se celebra y lleva a cabo un rito religioso sino que cobró relevancia como un monumento arquitectónico importante pues dio sostén y forma a un mito cuyo impacto alcanzó diferentes estratos sociales. Además, cumplió la función de ser epicentro de una identidad que permitirá sentar las bases para lograr la diferenciación de lo estadounidense. En palabras de Benedict Anderson en su libro Imagined Communities: “. . . peoples, regions, religions, languages, products, monuments, and so forth. The effect of the grid was always to be able to say of anything that it was this, not that: it belongs here, not there” (184). La importancia de la ermita trascendió los límites religiosos y alcanzó niveles de riqueza política-militar y cultural. Hormigueros sigue tomando nuevas dimensiones para mí. El pueblo de hombres y mujeres devotos y obedientes se convierte en un pueblo mucho más complejo donde la disidencia y la resistencia no necesariamente confligían con los aspectos religiosos: más bien, confluían.

La mayor duda que surge al leer es ¿quién decide qué debe ser conservado dentro de la memoria histórica de un país o de un pueblo? ¿Qué debe hacer un hombre o una mujer para que su legado sea digno de ser contado de generación en generación? Las historias que giran en torno al portento de la Monserrate arrojan luz a esas preguntas. La apropiación de la virgen de la Monserrate en Hormigueros, Puerto Rico, es de por sí un acto de resistencia cultural. La virgen de origen catalán había sido fusionada con elementos de la cultura afrocaribeña y era parte del culto popular. Ahora bien, el hecho de que la historia del milagro experimentado por el artesano Enriquillo nunca la hubiese escuchado me pareció impresionante. Para un pueblo que exalta tanto las proezas de la Monserrate, es extraño que no se comente con más frecuencia la historia milagrosa experimentada por este artesano.

Queda entonces preguntarse quién decide qué debe ser conservado dentro de la memoria histórica, en este caso, de un pueblo. Me queda claro que la contestación gira en torno a las personas con agendas políticas-económicas-culturales y a los sectores que se dirigen. La creación del mito nace de entre las voces del pueblo sin embargo, al llegar a la versión “oficial” se mezclan los intereses políticos para darle forma a un programa que llame la atención del sector social al que apelan. De ahí el hecho de que la historia más repetida y recordada sea la del respetado y, posiblemente adinerado, Giraldo González. O el hecho de que de entre tantas voces disidentes solo se recuerde la de Ruiz Belvis y no tanto por su gesta política sino por su labor a favor de la emancipación de esclavos. Quizás la respuesta más genuina, a mis preguntas sobre por qué algunos eventos sí perduran dentro de la memoria histórica y otros no, sea esta que el autor expone: “El que se preservara la memoria de algunos y se olvidara la de otros fue parte de un proceso discriminatorio, pero comprensible”(Cancel 70). 

El libro, me atrevería a afirmar que adrede, cumple con la función de dar voz a aquellos y aquellas que, sin importar el impacto que tuvieron en su contexto histórico, habían sido silenciados. De Horomicos a Hormigueros: 400 años de resistencia rescata del olvido histórico los eventos de subversión y resistencia para contar una historia diferente; la historia de la lucha. El libro en manos de cualquier persona hormiguereña es una fuente esencial para conocer el pasado de su pueblo y los posibles futuros que se podrían construir. En las manos de cualquier estudioso o estudiosa se convierte en una invaluable joya bibliográfica para futuros estudios al respecto y en una guía para la construcción de otras microhistorias culturales para los demás pueblos del archipiélago puertorriqueño. En las de cualquier aficionado o aficionada es una refrescante lectura que le permite conocer más sobre el pueblo de Hormigueros desde sus orígenes. En mis manos, sirvió para reafirmar que Hormigueros es un pueblo rico en historia y que sus complejidades no hacen más que enriquecerlo. Además, entendí que no nació de la nada en mí ese conflicto entre ser de San Germán o de Hormigueros, solo se repetía en un solo ser humano una lucha que por años enfrentó a las dos localidades hasta que la última logró su autonomía. Imagino que ellos tampoco se levantaban al oír el himno de San Germán, pero eso sería ya otra historia.

Fuentes citadas

Anderson, Benedict. Imagined Communities:Reflections on the Origin and Spread of Nationalism. Verso, 2006. 

Cancel Sepúlveda, Mario R. De Horomicos a Hormigueros: 400 años de resistencia. Editorial 360, 2016.

De Horomico a Hormigueros ¿por qué 400 años de resistencia?


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Catedrático de historia y escritor
Las notas que siguen son la respuesta que ofrecí al Dr. Wilkins Román Samot en torno al propósito de mi libro  De Horomico a Hormigueros: 400 años de resistencia (San Juan: Editorial 360 Grados 2016) en un reciente entrevista para el periódico digital El Post Antillano. Agradezco al colega y amigo su interés en mi trabajo académico.

La historia es un relato de la imaginación que siempre se reinventa a la luz de las circunstancias desde las cuales se piensa. En ese sentido lo que hacemos con el pasado es una aproximación creativa y, por ello, exigente. Es una forma de la conciencia que todos los seres humanos y todas las comunidades poseen en el marco de los más diversos grados de complejidad. Cuando se afirma que Hormigueros tiene una historia que puede ser contada se señala lo obvio. Es posible que para historiografía tradicional el acontecer local no constituyese una historia legítima pero, después del desenvolvimiento de la Nueva Historia Social, la Historia Cultural y los Estudios Culturales en el siglo pasado sería una presunción paradójica.

Horomico_portada_solaLa resistencia a la que alude el título se refiere a una diversidad de índices. Los ensayos del libro miran en varias direcciones. Primero, el relato panorámico del pasado hasta mediados del siglo 20. Segundo, un estudio denso de los antecedentes del culto de la Virgen de Monserrate, uno de los signos identitarios claves de la comunidad. Tercero, una revisión de la historiografía sobre Hormigueros desde 1898 hasta 1980. Cuarto, un ejercicio análogo desde 1980 hasta el 2000. Y quinto, un retorno al tema del culto religioso a la luz del 1898. El prefacio y el epílogo son reflexiones teóricas sobre lo que significa la historia, la microhistoria social y la cultural, en el proceso de reflexión.

El concepto resistencia apela a esos nudos que plantea el volumen y que marcaron el pasado local. Se manifiesta en la invisibilidad de un pueblo pequeño en el territorio de las miradas de la macrohistoria por su condición de zona de competencia entre dos poderes regionales de relevancia: Mayagüez, que desde el siglo 18 significó las fuerzas modernizadoras, y San Germán, que desde el siglo 16 representa la tradición. La identidad de Hormigueros se cuaja en ese escenario contradictorio compartiendo valores de ambos extremos. No en balde fue barrio de San Germán hasta 1874 y de Mayagüez entre 1898 y el 1912.

Resistencia también invoca a otras zonas de conflicto. El estudio de la microhistoria cultural me ha demostrado que las comunidades pequeñas se resisten al imperio o la autoridad de los relatos nacionales o a las presunciones totalitarias de la identidad colectiva. La identidad colectiva o nacional es un producto intelectual muy valioso de los últimos 250 años, pero la micro-identidad comunitaria es una praxis rica en matices que debe estudiarse con la misma intensidad.

Y resistencia porque esa micro-identidad comunitaria  presenta contradicciones que la enriquecen. En Hormigueros los elementos clericales y seculares, tradicionales y modernos se encuentran y desencuentran. En el cosmos local, como en el nacional, el poder institucional, el poder eclesiástico, las clases sociales que se mueven en el mercado, la intelectualidad y la gente, generan sus propios relatos que chocan y, en su oposición, validan un ejercicio como este. La búsqueda se da en todas esas orientaciones con el propósito de confirmar que “el pasado” es un mito: de lo que se trata es de buscar “los pasados” en plural.

 

De Horomico a Hormigueros: una microhistoria cultural


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Historiador y escritor

 

Mensaje ofrecido en el Aula Magna del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y El Caribe durante el lanzamiento de la obra De Horomico a Hormigueros: 400 años de resistencia (360 grados) el  1ro. de mayo de 2016

El 31 de agosto de 2013 estuve en este salón con los compañeros Dr. Félix R. Huertas González, la Dra. Ramonita Vega Lugo y la Dra. Nancy Santiago Capetillo, compartiendo con los estudiantes en el foro y conversatorio “Micro-historia e Historia Cultural: una mirada a 3 municipios de Puerto Rico”. En aquella ocasión comenté por primera vez en público los parámetros del volumen que en aquel momento redactaba y hoy se presenta. El libro De Horomico a Hormigueros: 400 años de resistencia comenzó a configurarse como un borrador en el año 2012 sobre la base de unos propósitos específicos.

José E. Muratti Toro, editor, el autor, Ana Durán, correctora y Miguel Rodríguez López, Rector

José E. Muratti Toro, editor, el autor, Ana Durán, correctora y Miguel Rodríguez López, Rector

El primero era dar un paso decisivo en el camino de la microhistoria social a la microhistoria cultural, es decir, de la mirada del entramado socio-económico y su conflictividad hacia el ámbito de la cultura y sus percepciones. Me parecía necesario hacer esa transición sin obviar las intersecciones concretas entre la vida material o económica, y la vida inmaterial o espiritual en el marco de la comunidad bajo estudio. No se trataba de dejar atrás una metodología o una escuela interpretativa para imponer otra, sino de ponerlas a dialogar a la luz de la Historia Cultural y los Estudios Culturales y precisar como aquellas esferas se moldean mutuamente.

El segundo era estimular la revisión del estudio de la identidad nacional en el espejo de las identidades comunitarias o las micro-identidades que la continúan, la modulan y la revisan, y establecer las tensiones que marcan esa relación, las continuidades y discontinuidades entre una y otra. Ser puertorriqueño en San Juan y serlo en San Germán son dos cosas distintas. El fin último de ese ejercicio era volver sobre la idea de que la identidad, lejos de ser un objeto terminado, era  líquida, fluida y maleable y que ello radicaba una parte significativa de su actualidad.

La reflexión del volumen se apoya en el argumento de que la identidad nacional y comunitaria siempre es el  producto de procesos contenciosos, de los choques y el rechazo del otro. La tesis es que la  micro-identidad hormiguereña y su concepción, se han movido durante 400 años entre una diversidad de polos opuestos que dialogan. Uno de los modelos más visibles de esta dialéctica ha sido la contradicción de los imperativos de lo sagrado, un culto milagroso; y lo profano, ámbito en cual la figura de Segundo Ruiz Belvis cumple un papel crucial.  Otro ha sido la histórica vacilación de esta comunidad aldeana entre  el atractivo subyugante de dos importantes centros urbanos de la región oeste,  Mayagüez y San Germán.

Cuando llenamos de contenido ese pasado histórico de Hormigueros a la luz de esos dualismos, nos damos cuenta de que detrás del Mayagüez consolidado en el siglo 18,  y el San Germán nacido en el siglo 16 había dos promesas distintas. La ciudad portuaria y progresista representaba la modernidad durante el siglo 19 y la americanización en el contexto del 1898; mientras que la ciudad de las Lomas de Santa Marta insinuaba la tradición y la hispanidad. La doble fundación del pueblo en 1874 y 1912,  fue la expresión del mismo proyecto modernizador en dos escenarios distintos. La disolución del ayuntamiento en 1899 también. No hay que olvidar que Mayagüez, como Ponce, llamó mucho la atención de los observadores estadounidenses durante los primeros días de la experiencia imperialista por sus visibles diferencias con el rancio San Juan y su poderoso sabor español. Aquellas percepciones que hoy no se toman en cuenta, convirtieron a Mayagüez en una garantía para el futuro de la sajonidad en la colonia recién adquirida.

Horomico_portada_solaEl hecho de que en 1874 los grupos antisegregacionistas de San Germán se concentraran en los barrios Lavadero y Benavente, y los segregacionistas que fundaron el pueblo apelando a la tradición de la Monserrate representaran los grandes intereses azucareros, tuviesen apellidos extranjeros y viviesen en la ciudad de Mayagüez, es un interesante laboratorio para comprender por qué se fundó un pueblo como este en aquella fecha.  En verdad no se trató de una conquista popular sino de la expresión de la voluntad de unas elites poderosas y progresistas en un contexto movedizo: los años duros de vigilancia después de la Insurrección de Lares de 1868. El libro llama la atención además sobre las diferencias entre el discurso en torno a la micro-identidad emanado de la oficialidad,  la percepción de la gente y aquel que genera el estudio profesional del asunto.

El otro propósito de esta reflexión era echar las bases para comprender los “olvidos” que caracterizaron el diseño de esa micro-identidad y a la vez, comprender la conflictividad que producen las recuperaciones. El mejor ejemplo de ello ha sido la figura de Segundo Ruiz Belvis cuyo significado era prácticamente nulo en Hormigueros hasta fines de la década de 1970 y principios de la de 1980.

Por último, De Horomico a Hormigueros: 400 años de resistencia también aspira a superar la fría y paternalista historia institucional que celebra el protagonismo de municipio y su ayuntamiento en el tablado de la historia y que confunde a la sociedad con el poder político que aduce que la representa. Para ello, se llama la atención con insistencia en la complejidad de la vida comunitaria y en las conexiones de sus ritos, sus figuras y sus actos con la historia del mundo. El objetivo de libros como este es dejar claro que la identidad es un proceso y no un acontecimiento o dato, un proyecto y no un objeto terminado.

Solo me resta agradecer  al profesor José E. Muratti Toro y a Editorial 360 Grados por hacer posible este proyecto y al Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y El Caribe, institución en la que me formé, y a la Asociación Puertorriqueña de Historiadores,  por su respaldo a este acto

De Horomico a Hormigueros: reflexiones sobre un libro


  • Mario R. Cancel Sepúlveda
  • Historiador y escritor
Mensaje ofrecido en la Escuela de Bellas Artes de  Hormigueros durante el lanzamiento de la obra De Horomico a Hormigueros: 400 años de resistencia (360 grados) el  1ro. de abril de 2016

Un libro es el producto de la labor de muchas personas. El autor y el escritor es  tan solo una pieza del engranaje. De Horomico a Hormigueros: 400 años de resistencia es resultado del profesionalismo del profesor José E. Muratti, poeta, narrador y editor; del talento de Rubildo López Martínez, artista sensitivo y maestro  que diseñó y obsequió el arte de su portada sobre el fondo de una original imagen de Segundo Ruiz Belvis que me conmovió desde que la vi por primera vez hace varios años; y la educadora Ana Durán, correctora agresiva a quien no conozco personalmente y cuya labor de revisión del manuscrito garantizó una versión limpia y accesible del mismo. Los autores y escritores construimos textos. Personas como ellos poseen la capacidad de transformarlos en libros.

Un libro es también el producto de aquellos que lo respaldan. El interés institucional de darle forma a una idea, materializarla  y compartirla en medio incluso de la terrible crisis que vive el país posee un valor incalculable. En 2012 dos personas se acercaron a mí para establecer los parámetros de una idea. Me refiero a Pedro J. García Figueroa, primero amigo desde la adolescencia y luego  alcalde; y Félix Ponce Labiosa, a quien conozco hace poco y a quien siempre me presentaron como el “ministro de cultura” del pueblo.

Pero un libro también posee un pasado, una genealogía desconocida.  De Horomico a Hormigueros: 400 años de resistencia representa el pago de una deuda que liquido con los que me pidieron en 2012 que considerara la tarea  y con otros que ya se ha ido.  El primero es Melanio Bobé Acevedo, alcalde primero y amigo después, para cuya administración trabajé como bibliotecario a fines de los 1980 y principios del 1990. No era sencillo en aquel entonces ser amigo del jefe. La amistad entre nosotros nació y creció después que me alejé de la vida municipal en 1995 y Melanio decidió su retiro político. Todavía me parece verlo haciendo un esfuerzo por recordarme cuando el olvido lo invadió en sus años de ancianidad y me buscaba en su memoria sin poder darme un nombre. El viejo patriarca populista me había pedido que escribiera un libro pero no sobre Hormigueros, sino sobre mi vida de aventuras, de perseguido y de bohemio local. Todavía se lo debo pero creo que es una deuda que no pagaré.

El autor, José E. Muratti, editor, y Pedro J. García Figueroa, alcalde

El segundo es Monseñor Francis R. López, rector y párroco de la Iglesia de la Monserrate, católico cheísta, comprometido con la defensa de la identidad y con el saber y quien me animó a indagar los misterios de la Iglesia de la Monserrate, sus registros, sus archivos, su detalles, a la vez que colaboró conmigo cuando indagaba en torno a la figura de Segundo Ruiz Belvis y sus conexiones con esta institución a principios durante la década de 1980. En este dístico, la tradición secular y clerical se encontraban sin contradicción visible alguna. Francis fue un gran amigo y un modelo del catolicismo comprometido con la identidad y los pobres que nunca olvidaré.

El tercero es Monseñor Antulio Parrilla Bonilla, Obispo Titular de Ucres, sacerdote con vocación de libertador en cuya cercanía sentía las vibraciones del más sano nacionalismo revolucionario. El anciano sacerdote que, como Juan Alejo de Arizmendi en otro siglo, aspiraba pasar sus últimos días en esta localidad, no pudo ver completado su sueño. Aquel era el mismo sacerdote comprometido que había despedido de cuerpo presente a Pedro Albizu Campos en su velatorio y había protestado en la plaza pública de Lares contra el servicio militar obligatorio. Este libro también es un homenaje para ellos según viven todavía en mi memoria.

Las semillas de este libro son remotas. En cierto modo, es el producto de una larga travesía que comenzó en 1976 cuando me hice miembro de Centro Cultural Horomico cerca de un grupo de amigos encabezados por el maestro y artista Luis H. Vega. Continuó durante el 1977, momento en el cual  me gradué de escuela superior y presenté una investigación sobre el folclor de Hormigueros que era un homenaje a los relatos fantásticos de mis abuelos Inés Rojas y Manuel Sepúlveda. Se reinició tras un escabroso periodo universitario en 1989 cuando completé una biografía y un estudio bibliográfico sobre el abogado rebelde Segundo Ruiz Belvis y su generación bajo la asesoría de la historiadora Loida Figueroa Mercado y el investigador nacionalista Juan Rodríguez Cruz. El novelista Carmelo Rodríguez Torres y el antropólogo y arqueólogo Ricardo Alegría fueron claves para la culminación de aquel proyecto

Horomico_portada_solaCon toda sinceridad, no puedo negar los celos y la incomodidad que sentí cuando Edwin Albino Plugues publicó su libro de microhistoria social sobre Hormigueros en 1978 y cuando el historiador Fernando Bayrón publicó su antología de documentos sobre el pasado municipal en 1984. Yo era un joven de 24 años a esa fecha. Hoy con 55 años a cuestas,  reconozco que fue lo mejor que pudo pasar. Lo que hubiese escrito en 1978 o 1984 no me representaría tal y como soy en este momento. El 2016 ha sido un año ideal para completar el sueño que nació en 1976. Después de todo, los índices que me llamaban la atención a los 16 y a los 24 años, la cultura y su percepción, el imaginario del pasado colectivo más allá de la cultura institucional, son los mismos en los que se sostiene este libro.

El valor de un proyecto de esta naturaleza radica en que tomemos conciencia de un asunto: promover la discusión cultural es tan importante como construir un parque o pavimentar una calle. En el parque hacemos la gimnasia física y reposamos de las rutinas de estos tiempos atroces. Reconozco que las avenidas pavimentadas, iluminadas e identificadas con sus nombres, facilitan el tránsito de un sitio a otro

Pero con un libro hacemos algo distinto y complejo. Elaboramos una gimnasia espiritual y emocional que reconforta en tiempos de crisis ante situaciones que sugieren que todo se derrumba. El libro sirve, no lo niego, para sembrar esperanzas y cultivar una paciencia saludable. También debe ser útil para animar esas pasiones inteligentes que puede gatillar el cambio. Con un libro pavimentamos simbólicamente la ruta  que puede conducirnos del pasado, que es mero tiempo perdido, a un  futuro, el que sea, con la seguridad de que sabemos dónde estamos pisando

Sólo me resta decir que este es un libro pensado para educadores, para maestros y como todo libro, es una obra inconclusa. El proyecto que soñé desde 1976 se completará con la lectura y con los libros que escriba alguno de ustedes en los años porvenir.